jueves, 30 de abril de 2026

Persecución sin fin

Siguen los abusos y la crueldad clerical



Niegan la comunión a una familia por utilizar el comulgatorio

El pasar de los años no afecta en lo más mínimo la sutil y refinada astucia de ciertos pastores dedicados a destruir, más tarde o más temprano, comunidades tradicionalistas que suelen ser las más pujantes dentro de la Iglesia. Aquellas en las que los matrimonios tienen hijos (en lugar de mascotas), y de cuyas familias luego florecen vocaciones sacerdotales y religiosas.

Se trata en este caso de Mons. Michael Thomas Martín, OFM Conv, obispo de Charlotte en Carolina del Norte (USA), que el año pasado dispuso reducir drásticamente la Misa Tradicional eliminándola de las cuatro parroquias en las que se celebraba, y a la cual asistían unas mil cien personas semanalmente, para concentrarla en una sola capilla que, además, está a dos horas de viaje en automóvil de una de las parroquias originales.

El mismo que redactó normas litúrgicas generales que prohíben el uso del latín en las celebraciones de la diócesis, así como otras prácticas tradicionales, tal es el caso de la posición "ad orientem" del celebrante; y que causaron gran revuelo al trascender.

No conforme con el ataque a la Misa tradicional, a la que el diablo y los curas que le hacen el juego le tienen aborrecimiento, en diciembre pasado, justo antes de Navidad, Mons. Martín remitió a las parroquias de la diócesis una "Carta pastoral con normas para la Sagrada Comunión", en la que prohibía a los fieles tanto el uso de los comulgatorios como aún de simples reclinatorios a la hora de comulgar. Los católicos pueden arrodillarse si así lo desean, escribió, pero "los párrocos no deberían indicar a sus fieles que lo hagan como algo mejor". La norma, dijo, en la que los católicos caminan en procesión y luego reciben la Comunión de pie, pretende representar "que la Iglesia avanza... como un pueblo peregrino en su camino". Vaya Monseñor! ¿Por qué no busca un argumento más novedoso para justificar la protestantización de la liturgia?

Permítasenos sospechar que el obispo, visto que no puede escribir contra las normas generales de la Iglesia prohibiendo directamente la comunión de rodillas, lo cual podría haber sido denunciado a Roma en donde ahora no está Francisco, se animó astutamente a molestar a los fieles con esa inquina propia de la crueldad que despliegan algunos pretes que de padres tienen poco: ¡Si quieres comulgar de rodillas, pues al piso!

Sin embargo, treinta y uno de los ciento cuarenta y siete sacerdotes de la diócesis enviaron una carta al Vaticano preguntando si el obispo tiene autoridad para prohibir ciertas formas de comulgar. No obstante, hace unos meses en la diócesis de Mons. Martin, un sacerdote le negó la comunión al actor Jonathan Roumie (que interpretó al Señor en The Chosen":

Pasa el tiempo y episodios similares se repiten como calcados por doquier. Cuesta entender que se persiga y se ataque cruelmente a quienes más fe manifiestan en la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía. Por eso, este complot perpetuo que llevan a cabo eminentes jerarcas católicos, y que afloró con toda su virulencia luego del Concilio Vaticano II, sólo puede tener detrás como inspiradora una inteligencia angélica: ¡Qué el lector le ponga nombre si se anima!

Publicamos a continuación una carta abierta, que una madre le dirigió al Obispo Martin pidiéndole que obre de acuerdo a su propia prédica. Esta  tomada de LiturgyGuy, en traducción de Infovaticana.



Los fieles de Charlotte le piden al Obispo

que practique lo que predica


Feliz Navidad, obispo Martin. Espero que haya podido disponer de algún tiempo de descanso durante esta temporada tan intensa como hermosa.

He dedicado gran parte de mi tiempo de oración y reflexión a tratar de comprender su ministerio. He seguido con atención las recientes transmisiones en directo en las que ha participado ofreciendo el Santo Sacrificio de la Misa, y una homilía en particular me ha llevado a una reflexión que desearía compartir con usted, esperando conocer su respuesta.

En septiembre, cuando nombró al padre Patrick Cahill párroco de la iglesia católica de San Mateo, inició su homilía con una analogía sobre los cangrejos de caparazón blando.

En primer lugar, agradecí sus palabras sobre el modo en que los feligreses pueden servir a su parroquia. Se trata de algo más que asistir una vez por semana y cumplir con la Misa dominical. Es razonable esperar que las familias se sientan motivadas a realizar buenas obras en favor de la parroquia y de la comunidad.

Lo que ahora me suscita una reflexión más profunda es la manera en que usted aplica su propia homilía a su camino espiritual personal, en particular cuando se refirió a la vulnerabilidad y a la necesidad de salir de la zona de confort.

¿Qué es lo que le resulta incómodo? ¿El latín? ¿La distribución de la Sagrada Comunión en el comulgatorio? ¿Cualquier práctica que recuerde a la tradición católica? ¿La vida espiritual de muchos de sus fieles? ¿El amor genuino a Cristo que manifiestan los sacerdotes de la diócesis, al predicar el Evangelio y llamar a la conversión sin diluir la doctrina? ¿O el elevado número de vocaciones que han florecido en los fértiles suelos de la auténtica tradición católica?

¿Quién tiene el corazón endurecido? ¿Quién se niega al diálogo? ¿Quién ha rehusado comprender? ¿Quién ha respondido a las legítimas preocupaciones de su rebaño mediante una carta tipo? ¿Quién ha fijado su postura de manera inamovible?

«Necesito conversión. Necesito un cambio de corazón». Le cito textualmente, Excelencia.

Le pido, por tanto, que sea coherente con sus propias palabras y que practique lo que predica. Le invito a aceptar la incomodidad, a escuchar a sus sacerdotes debidamente formados y, quizá, incluso a sentarse en el coro durante una Misa en latín en la capilla Little Flower. Le invito asimismo a distribuir la Sagrada Comunión en el comulgatorio al menos en una ocasión. Encontrará fieles que se arrodillan y reciben en la mano, y otros que permanecen de pie y reciben en la lengua. Sin embargo, hasta ahora no se ha permitido la distribución en el comulgatorio cuando usted actúa como celebrante.

Le invito también a soltar la tensión acumulada y a dejar de lado el hacha con la que parece estar desmantelando todo de manera simultánea; quizá resulte más fecundo persuadir a los fieles para que modifiquen sus prácticas de culto en lugar de imponerles cambios por la fuerza.

La uniformidad no equivale a la unidad, y está generando una división mayor que nunca. Está llevando a muchos jóvenes a replantearse su llamada al sacerdocio al añadir obstáculos adicionales a su discernimiento vocacional.

Estas medidas están obligando a los sacerdotes a afrontar decisiones difíciles que no deberían verse forzados a tomar. ¿Deben obedecer directrices que implican negar a los fieles sus peticiones, vulnerando sus derechos canónicos, o desoírlas, quedando en una situación de inestabilidad ante la autoridad episcopal?

Gran parte del país sufre el cierre de parroquias y la sobrecarga pastoral de los sacerdotes. Usted heredó una diócesis rica en vocaciones. Existe un viejo refrán que afirma: «si no está roto, no lo arregles». ¿Qué considera usted que sucederá con tantos cambios introducidos de manera simultánea?

Por favor, no sea un cangrejo de caparazón duro, Excelencia. Le deseo un bendecido Año Nuevo y le aseguro nuestras constantes oraciones.


¡Por favor, deje su comentario!

1 comentario:

alesolap dijo...

Pura maldad de gente que no cree en la presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía ni tampoco en el carácter propiciatorio del Santo Sacrificio de la Misa...