domingo, 2 de noviembre de 2008

Vuelo de Águila

Liturgia de la Palabra
en la Conmemoración de los Fieles Difuntos
02 de Noviembre de 2008
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
(Audio - 20' 47")


"Cum Christo vivas, in pacem dormias" puede leerse como epitafio en las catacumbas romanas: "Que vivas con Cristo y duermas en paz", reflejando la serena actitud del cristiano frente a la muerte que, en el fondo, es una acto festivo, el vuelo de águila que nos permite pasar del tiempo a la eternidad. Sin embargo, la muerte, como salario del pecado, nos separa de muchos amores terrenos y, consecuentemente, será algo durísimo, angustiante y terrible para el hombre de la inmanencia, que siente la tierra como su patria definitiva.
La muerte del cristiano, al que Dios va preparando progresivamente con los dolores que su providencia permite, se produce en la presencia de Cristo, como cantamos con san Ignacio de Loyola "en la hora de mi muerte llámame y mándame ir a Ti, pera que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos"(*). Es la plenitud de la viva, no su desaparición. Es el encuentro con la Iglesia Triunfante: con su fundamento, los profetas y apóstoles; con sus víctimas, los mártires; con sus flores, las vírgenes; con su ornamento, los confesores. Es el umbral de la Jerusalem Celestial ante cuya vista canta el salmista: "que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor..."
Hay que aprender a morir en voz activa, contradiciendo la estúpida expresión "se murió" en la que no parece contenerse ningún acto, ofreciendo, desde ahora, nuestra muerte como un sacrificio que continúa y se perfecciona en el de Cristo: "hecho obediente hasta la muerte y muerte de Cruz".
Pidamos a la Santísima Virgen María "ora pro nobis pecatoribus nunc et in hora mortis nostre", traduciendo el "pro" latino con la acepción castellana "en nuestro lugar"; para que cuando estemos ya sin aliento, sea ella la que, tomando nuestros labios, interceda ante su divino Hijo.
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(*) Oración de San Ignacio de Loyola

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén

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