En lugar de canonizarlo por nuestra propia cuenta, como se hace ahora con mucha frecuencia cuando alguien fallece, recemos por su alma cumpliendo así una de las obras de misericordia espirituales.
“Se han descubierto en el mundo muchos impostores, que no confiesan que Jesucristo haya venido en carne. Este tal es un impostor y un anticristo. Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo, sino que se aparta de ella, no tiene a Dios. El que persevera en ella, ése tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le saludéis. Porque el que le saluda, se hace cómplice de sus acciones perversas.” Palabra de Dios (2 Jn. 1, 7-11)
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