martes, 14 de julio de 2009

De rodillas sólo ante el Altar

Homilía en el Día de la Independencia Nacional
Fiesta de Nuestra Señora de Itatí
9 de Julio de 1987
R. P. Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu
(Audio - 25' 23")

La Patria es un don de Dios, que ha decidido nuestro nacimiento en un lugar, una familia, una sangre, una cultura, una tradición y en un momento de la historia; y nos ha dado una misión: conservarla tal como la hemos recibido y transmitirla a nuestros hijos para ganarnos el cielo.
Nuestra Patria está herida en su cuerpo por la invasión extranjera de su territorio, y en su alma por la revolución cultural que pretende hacernos olvidar que ella es cristiana. Saberlo tiene que llevarnos a la oración, porque nadie dejaría de rezar al ver a su madre gravemente enferma, esperando del Señor quien, con su gracia, puede solucionar conflictos para nosotros deprimentes e insolubles. Porque la Historia no es un cause ciego, como dicen los filósofos deterministas, y puede ser cambiada sobre todo con una oración insistente y fervorosa que gane el favor de Dios.
La oración debe cambiar, en primer lugar, ese pequeño pedazo de patria que es nuestro corazón y nuestra alma, haciéndonos capaces de cumplir nuestro deber de estado y de decir la verdad oportuna e inoportunamente. Luego cambiará la familia, la escuela, la empresa, el sindicato, el país todo. Porque cuando una sociedad se corrompe en profundidad, como el mundo en el que vivimos, es porque las células que la componen están enfermas, tienen su corazón lleno de pecado, de injusticia y de odio.
Las gracias y la fortaleza que hacen falta para cambiar la historia, la tenemos que encontrar poniéndonos de rodillas, no delante de los hombres ni de los usureros internacionales, sino delante del Altar del Dios Verdadero. Porque en la Santa Misa no solamente se encuentra la fuerza para, sino también la obligación de combatir por la Iglesia, por la Patria y por la Justicia.
En este día en que celebramos la declaración de nuestra Independencia, que no ha sido ruptura con la tradición Católica e Hispánica que recibimos de nuestra Madre Patria, proclamada en circunstancias muy adversas, nos dé el Señor, por la poderosa intercesión de su Santísima Madre, la voluntad de entrega, de sacrificio y de heroísmo que necesitamos para mantener el Alma de la Patria fiel a los valores de Hispanidad, Fe Católica y Romanidad que nos dieron origen.
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La ilustración:
"Virgen de la Esperanza", imagen que se venera en el Santuario de Onda, Castellón, Pcia. de Valencia. En el cual puede observarse sobre el seno de la Santísima Virgen embarazada, el Sol de 32 rayos que decora nuestra enseña patria y que simboliza a Jesucristo, Sol que nace de lo alto.

2 comentarios:

Daniel Espinoza dijo...

Hemos querido acoger el servicio de la consolación, como recuerda San Pablo a las primeras comunidades en sus viajes apostólicos. De hecho su misión se identifica con la consolación de Dios a su pueblo, sintiéndose portador de un consuelo profundo que él proyecta en su ministerio. A imitación de María cada uno de nosotros debe mostrarse como el lugar de la consolación de Dios.

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Jorge Andregnette dijo...

Espléndida exhortación en la palabra siempre viva del P.Alberto Ezcurra.!Que lección para estos tiempos! en que esa Revolución Cultural que el denuncia avanza para implantar el coloniaje vil que sigue a la proclamación de la independencia de Dios.