El Judaísmo actual según la doctrina de la Iglesia
Dijo Monserrat Alvarado, la Prefecta del Dicasterio para las Comunicaciones recientemente nombrada por el Papa León:
"Existía una corriente subterránea de críticas hacia el Papa Francisco con respecto al supersesionismo. Es una palabra muy larga, pero básicamente se refiere a la idea de que el cristianismo anula o reemplaza la fe judía. En lugar de ver a los judíos como nuestros hermanos y hermanas, caminando de la mano con nosotros hacia la salvación, y reconocerlos como el pueblo elegido de Dios, el supersesionismo promueve la idea de que todos los judíos deberían convertirse al cristianismo. Obviamente, eso es erróneo."
Recurrimos a los padres Castellani y Menvielle, para que quede claro qué dice la doctrina de la Iglesia sobre el Judaísmo actual, incluyendo fragmentos de audios en los cuales el primero de ellos se refiere al tema:
El Judaísmo actual no es raíz santa ni base del Cristianismo
El judaísmo actual, no es el de Abraham, Moisés, la Santísima Virgen o San Pedro. Es una herejía de la verdadera religión hebraica que ya estaba en curso en la época de Cristo, e impidió que la parte de los judíos que se había contaminado con ella Lo reconocieran como el Mesías Salvador.
Por eso cuando el Señor discute a muerte con sus adversarios en el Capítulo VIII de San Juan, les dice que no son hijos de Abraham sino del Diablo pues seguían, no la religión verdadera, sino la herejía de los fariseos.
"Si fuérais hijos de Abraham, la obra de Abraham haríais. Empero ahora procuráis matarme... Vosotros de vuestro padre el Diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir."
Los verdaderos judíos de aquel tiempo reconocieron a Cristo y entraron en la Iglesia; que ha conservado lo que había de bueno en aquel Judaísmo: "la creencia en un solo Dios, los Diez Mandamientos, la creencia en la creación del mundo y en la vida futura" (1).
En cambio la herejía farisaica y sus adherentes, rechazaron y mataron al Mesías:"parte del pueblo cayó y renegó de Él invocando el orgullo carnal de la raza y de la nación Judaica. Esta parte de Israel fue rechazada y lleva sobre su frente la sangre de Cristo como maldición" (2).
El judaísmo actual "es una herejía farisaica, son los fariseos los que continuaron la religión cuando nació el Cristianimo; continuaron a su manera. Hicieron un nuevo libro sagrado, el cual respetan y siguen mucho más que la Biblia, que se llama El Talmud, que son comentarios a la Biblia de todos los rabinos desde antes de Jesucristo hasta ahora... La Biblia la leen ahora como se lee una novela, y creen que es una especie de novela, pero es al Talmud a quien obedecen" (3).
A los que dicen hoy día, que tanto el Judaísmo como la Iglesia conservan el Antiguo Testamento, hay que recordarles que "mientras para nosotros éste es figura de Cristo y contiene la profecía y la prueba de que el Mesías ha venido, para ellos es al contrario, prueba que el Mesías no ha venido" (4).
Por eso la religión judía en el estado actual, no puede ser raíz del Cristianismo de ninguna manera, ni puede tampoco ser Hermana Mayor, como no sea a modo de Caín que mató al inocente Abel, porque sus sacrificios eran agradables a Dios, o Esaú que vendió su primogenitura a Jacob, o los hermanos de José que lo arrojaron en un pozo.
Es una religión "enteramente diferente y contraria; la más contraria y enemiga que existe, que ha existido y que puede existir del Cristianismo" (5). ¿Cómo puede ser entonces raíz santa de nuestra Fe?
El no enseñar la diferencia que hay entre la religión de Moisés y el Judaísmo actual, el pretender "que nos besemos mutuamente", ha producido la judaización del Cristianismo que se ve en nuestros días, y había sido profetizada por el padre Castellani (6).
La Alianza que Dios hizo con el Pueblo de Israel, era provisoria, pues iba a "quedar rota y desecha (es más propio decir superada o consumada) al llegar Cristo, objeto y fin de la Ley (Rom. 10, 4), como ayo que a Él conducía (Gal. 3, 24)". (7)
Era, además, condicional porque estaba "sujeta por parte de Israel, a ciertas condiciones absolutamente imprescindibles que habrían de aceptar y cumplir los israelitas, so pena de reprobación de Dios". (8)
Era, además, condicional porque estaba "sujeta por parte de Israel, a ciertas condiciones absolutamente imprescindibles que habrían de aceptar y cumplir los israelitas, so pena de reprobación de Dios". (8)
Pero si naturalmente ese pacto iba a encontrar su consumación, cumplimiento y perfección en el Mesías, quedó roto cuando, "habiendo rechazado definitivamente a Cristo matándolo en la Cruz, los israelitas acabaron de destruir y aniquilar la razón de todo su ser como Pueblo de Dios". (9)
El mismo Jesucristo, al instituir la Eucaristía, insinúa claramente el fin de la Antigua Alianza con estas palabras: "esta es mi sangre de la Nueva Alianza (Mt. 26, 28).
Palabras que están incorporadas al Canon de la Misa como sigue: "Este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza Nueva y Eterna..." (10); es decir, el Nuevo Testamento, del cual es figura el Antiguo, es perpetuo, no como éste que tenía su fin o perfección en Cristo.
Palabras que están incorporadas al Canon de la Misa como sigue: "Este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza Nueva y Eterna..." (10); es decir, el Nuevo Testamento, del cual es figura el Antiguo, es perpetuo, no como éste que tenía su fin o perfección en Cristo.
Los profetas anuncian las muchísimas veces que el Pueblo de Israel incumplió, con sus infidelidades, las condiciones de la Alianza.
Pero sobre todos ellos prevalece el testimonio de Jesucristo, que en diversas parábolas había profetizado el fin del Antiguo Testamento a causa del rechazo que de Él haría su pueblo. La más clara de estas comparaciones es la Parábola de los Viñadores Homicidas (Mt. 21, ), aquellos insensatos que, a fin de no pagar el arrendamiento, maltrataron primero a los enviados y luego mataron al propio Hijo del Dueño. Ahora bien, qué hizo luego éste: mandó que perezcan miserablemente los labradores y arrendó a otros la viña para que le paguen sus frutos a su tiempo.
Y el Señor termina diciendo clara y terriblemente: "Por lo cual os digo, que os será quitado a vosotros el reino de Dios, y dado a gentes que rindan los frutos de él" (Mt. 21, 43)
Y el Señor termina diciendo clara y terriblemente: "Por lo cual os digo, que os será quitado a vosotros el reino de Dios, y dado a gentes que rindan los frutos de él" (Mt. 21, 43)
Palabras que sellan por la divina autoridad de quien las pronunció, el cumplimiento exacto de la profecía de Daniel (9, 26): "No será ya más pueblo suyo el que le ha de negar". (11)
Por eso pudo escribir Pío XII en su encíclica Mystici Corporis Christi, 12:
"...con la muerte del Redentor, a la Ley Antigua abolida sucedió el Nuevo Testamento; entonces en la sangre de Jesucristo, y para todo el mundo, fue sancionada la Ley de Cristo con sus misterios, leyes, instituciones y ritos sagrados. Porque, mientras nuestro Divino Salvador predicaba en un reducido territorio, pues no había sido enviado sino a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel, tenían valor, contemporáneamente, la Ley y el Evangelio; pero en el patíbulo de su muerte Jesús abolió la Ley con sus decretos, clavó en la Cruz la escritura del Antiguo Testamento, y constituyó el Nuevo en su sangre, derramada por todo el género humano. Pues, como dice San León Magno, hablando de la Cruz del Señor, de tal manera en aquel momento se realizó un paso tan evidente de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de lo muchos sacrificios a una sola hostia, que, al exhalar su espíritu el Señor, se rasgó inmediatamente de arriba abajo aquel velo místico que cubría a las miradas el secreto sagrado del templo"
Ya sea por el cumplimiento de su fin, la redención del género humano; ya sea porque la muerte de Cristo significó el rechazo de la principal condición que debía cumplir Israel, en la cruz hubo una ruptura total y completa del pacto celebrado entre Dios y el pueblo de la primera Alianza; la cual ha encontrado su perfección, como dijimos, en la Iglesia Católica.
Por eso, de los judíos sólo pertenecen al nuevo Pueblo de Dios aquellos que, en cualquier tiempo, han recibido a Cristo como el Mesías. Los demás, y en cuanto es posible su conversión, sólo pertenecen en potencia o por ordenación y destino, pero no en realidad.
Citas:
(1) Castellani: sermón de la Asunción 15/08/1965 - (2) Menvielle: El Judío en el misterio de la historia - (3) Castellani: idem (1) - (4) Castellani: sermón del Hijo Pródigo 16/06/1966 - (5) y (6) Castellani: idem (1) - (7), (8) y (9) P. David Nuñez: Los Deicidas - (10) Santo Tomás de Aquino: Las adiciones de eterno y misterio de fe se derivan de la tradición del Señor, llegada a la Iglesia a través de los Apóstoles. S.T. q78, a3, v9 - (11) idem (9).
Fragmento del Sermón sobre la Asunción de la Virgen
R.P. Dr. Leonardo Castellani
15/08/1965
Fragmento del Sermón sobre el Hijo Pródigo
R.P. Dr. Leonardo Castellani
16/06/1966
¡Baje el archivo desde Gloria TV!
Fragmento del Sermón sobre el Buen Samarita
R.P. Dr. Leonardo Castellani
29/08/1965


1 comentario:
Excelente publicación, de gran actualidad y sumamente necesaria. Para ser claros, no obstante, hay que decir que lo que piensa esa mujer es exactamente lo que sostienen todos los "papas conciliares". Respecto a las "prefectas" del Vaticano recomiendo ver:
“Sobre los nombramientos de mujeres al frente de los dicasterios romanos”
https://gloria.tv/post/KCD4ZSk6UZQL3WjijoRKyA6Zf
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