El informe del Sínodo ataca la Fe católica
Mons. Joseph Strickland, obispo emérito de Tyler (Texas) que, por su constante defensa de la tradición, fue "misericordiado" por Francisco, manifiesta y justifica su total rechazo al informe del Sínodo sobre la homosexualidad. Reproducimos su mensaje que fue publicado en Pillar of Faith y por Lifesitenews.
La Sagrada Escritura habla claramente respecto del pecado de sodomía y de los actos homosexuales. San Pablo escribe en Romanos 1 que tales actos son “contra naturaleza”, y el Catecismo de la Iglesia Católica enseña claramente que los actos homosexuales son “intrínsecamente desordenados” y “contrarios a la ley natural” (CIC 2357). Esta enseñanza no proviene del prejuicio, la política ni la costumbre cultural. Proviene de la Revelación Divina, la Sagrada Tradición y la autoridad docente perenne de la Iglesia.
Sugerir que el pecado (de la sodomía) no consiste, en sí, en la relación entre personas del mismo sexo no es simplemente un lenguaje confuso. Es un ataque directo contra la doctrina moral católica y contra las propias palabras de la Escritura.
En toda época, la Iglesia está llamada a amar a los pecadores sin bendecir jamás el pecado. La auténtica caridad llama a toda alma al arrepentimiento, la castidad, la santidad y la conversión por medio de Jesucristo. La verdadera atención pastoral no confirma a las almas en patrones de conducta que las separan de Dios. Un pastor que ve el peligro y permanece en silencio no es misericordioso.
El intento de normalizar o redefinir las relaciones homosexuales dentro de la vida de la Iglesia, forma parte de un esfuerzo más amplio por transformar el catolicismo en algo más aceptable para el mundo moderno. Pero la Iglesia no pertenece al mundo moderno. La Iglesia pertenece a Jesucristo.
La destrucción de la doctrina bajo el lenguaje de “discernimiento”, “escucha” y “experiencia vivida” es uno de los peligros espirituales más graves de nuestro tiempo. La verdad no está determinada por la experiencia. La verdad es revelada por Dios.
Nuestro Señor destruyó Sodoma y Gomorra (*) como advertencia para toda las generaciones contra el grave pecado sexual y la rebelión contra el orden establecido por el Creador. Sin embargo, ahora incluso estas verdades son reinterpretadas y minimizadas por voces dentro de la propia Iglesia. Esto debería causar profundo dolor y santa alarma entre los fieles.
Por eso muchos católicos reconocen cada vez más que estamos viviendo una auténtica emergencia en la vida de la Iglesia. Cuando verdades morales fundamentales respecto del matrimonio, la sexualidad, el pecado, el arrepentimiento y la salvación son tratadas como cuestiones abiertas, la crisis deja de ser teórica. Está presente y activa.
Son precisamente desarrollos como estos, los que han llevado a muchos católicos fieles a concluir que la Iglesia está atravesando una verdadera emergencia doctrinal y pastoral. Cuando verdades que los católicos siempre han entendido como definitivas e inmutables son tratadas repentinamente como asuntos de “discernimiento” o reinterpretación, la confusión se propaga rápidamente entre los fieles.
Este clima de inestabilidad doctrinal también es parte de la razón por la cual grupos como la Sociedad de San Pío X sostienen que son necesarias medidas extraordinarias en nuestro tiempo. Sus planeadas consagraciones episcopales, sin la aprobación explícita de Roma, están siendo justificadas por ellos como una respuesta a lo que perciben como una grave emergencia dentro de la propia Iglesia.
Aunque los católicos puedan debatir la prudencia o las cuestiones canónicas en torno a tales acciones, ningún observador honesto puede negar que declaraciones y documentos como este informe del Sínodo, intensifican la crisis y profundizan la preocupación de incontables católicos fieles en todo el mundo. Cuando voces dentro de la Iglesia cuestionan la Revelación Divina y la enseñanza moral perenne de la Iglesia, el sentido de alarma entre los fieles no es ni irracional ni imaginario.
Las advertencias de Nuestra Señora de Fátima y de los grandes santos de la era moderna, parecen ahora más urgentes que nunca. Sor Lucía de Fátima escribió que “la batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será sobre el matrimonio y la familia”. Estamos viendo desarrollarse esa batalla ante nuestros ojos. El ataque contra el matrimonio nunca trata meramente de relaciones humanas; es un ataque contra Dios Creador, contra el orden de la creación, contra la familia como iglesia doméstica y, en última instancia, contra la salvación de las almas. Cuando el significado del matrimonio es distorsionado, también se distorsiona la comprensión del propio hombre.
La confusión que ahora se extiende dentro de partes de la Iglesia respecto de la sexualidad, el matrimonio y el pecado refleja no la voz de Cristo Esposo, sino la batalla espiritual que Nuestra Señora advirtió que llegaría. Por eso los fieles deben volver con renovado fervor a la oración, la penitencia, el Rosario, la devoción eucarística y la fidelidad a las verdades transmitidas a través de los siglos. En Fátima, Nuestra Señora no llamó al mundo a adaptarse al error moderno, sino al arrepentimiento, la conversión y la reparación.
Como pastor, hago hoy un llamado a todos los fieles para que permanezcan fieles a Cristo, a la Sagrada Tradición, al Magisterio perenne y a las verdades que la Iglesia siempre ha enseñado. Ningún sínodo, comité, grupo de estudio o iniciativa eclesiástica posee autoridad para derogar la ley de Dios.
Debemos orar y hacer penitencia por la Iglesia. Debemos orar por quienes promueven la confusión, para que regresen plenamente a la verdad confiada a los Apóstoles. Y debemos pedir al Espíritu Santo que levante pastores con el valor de hablar claramente en defensa de la Fe Católica, sin importar el costo.
“Nuestro Señor Jesucristo, que es la Verdad misma, no se contradice. Lo que era pecaminoso ayer no puede volverse santo hoy.”
Que la Santísima Virgen María, Destructora de Herejías, interceda por la Iglesia en esta hora oscura.



No hay comentarios:
Publicar un comentario