viernes, 1 de abril de 2011

Jesucristo, Luz del mundo


Liturgia de la Palabra en el

IV Domingo de Cuaresma

Domingo Lætare

Ciclo A

2 de Marzo de 2008

S.E.R. Mons. Antonio Baseotto

(Audio 24' 53")


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En la religiones naturales existentes antes de la venida de Jesucristo, el hombre se debatía en las tinieblas de la duda; por eso, aún en las civilizaciones más desarrolladas, el género humano estaba embargado por un sentimiento terrible: el miedo.
Tal es el caso de las religiones precolombinas, que proponían a la adoración verdaderos demonios sedientos de sangre humana.

Ese panorama desolador, fue ordenado e iluminado por la Venida de Jesucristo nuestro Señor, Luz verdadera que llegada al mundo para disipar las tinieblas del error, del luto y del pecado.
Por eso la Iglesia llamó al Sacramento del Bautismo "La Iluminación", y por eso también los templos se construyen mirando al este, por donde nace cotidianamente el Sol que viene de lo alto. Pero, lamentablemente, el mundo muchas veces comete la locura de esconderse en las sombras, para huir de esta bendita luz.

Por esa causa, cuando el Señor realiza el milagro esplendente el dar la vista, no a uno que la había perdido, sino a un ciego de nacimiento, un acto incontrastable que despertaría la fe hasta en las mismas piedras, surge una reacción inesperada, la del enemigo mortal de Jesucristo, el que tiene la locura de usar el remedio que Dios trae para enfermarse, el Fariseísmo que ya lo había condenado, con o sin milagro, y finalmente lo llevaría a la Cruz.

Al lado de esta actitud extrema, de los que cometen el pecado de condenarse a sí mismos rechazando la luz, está la de los padres del beneficiado que no quieren comprometerse sino componer, prendiéndole una vela a Dios y otra al Diablo. Bien podrían estos y sus hijos a lo largo del tiempo estar incluidos entre los que San Pío X llamó "soldados cobardes, que arrojan las armas a la sola presencia del enemigo, o traidores, que pretenden a toda costa hacer las paces con los contrarios, a saber, con el enemigo irreconciliable de Dios y de los hombres".

Pero también está el ejemplo del neo vidente quien, cual nueva samaritana, primero obedece sin replicar, luego lo llama Señor, más tarde, y sin miedo, admite delante de los fariseos que es un profeta, y finalmente lo reconoce como Dios postrándose frente a Él.

Pidamos al Señor en el Santo Sacrificio de la Misa, que nos dé la fortaleza de seguir éste ejemplo de maduración en la Fe, para que podamos ser sus testigos en un mundo que ha optado por las tinieblas.
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Ilustra esta entrada: La Curación del Ciego (Primera versión - 1567), obra de El Greco, realizada al temple en su llamado período veneciano, que se conserva en la Gemäldegalerie de Dresde, Alemania.