lunes, 10 de noviembre de 2008

Hay que Profanar lo Sagrado

Liturgia de la Palabra
en la Dedicación de la Basílica del Santísimo Salvador,
o de San Juan de Letrán
9 de Noviembre de 2008
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
(Audio - 23' 59")


Sobre una serie de edificios que habían pertenecido a la noble familia romana de los Laterani, donados por el Emperador Constantino en 313 luego del Edicto de Milán, se construyó la Basílica del Santísimo Salvador también llamada de San Juan de Letrán, que desde ese entonces es la sede del Santo Padre como Obispo de Roma y, por ello, madre y cabeza de todas las iglesias de la Ciudad y del Mundo, como está esculpido en su frontispicio: "omnium Urbis et Orbis ecclesiarum mater et caput"
Desde la más remota antigüedad, el hombre reservó ciertas tiempos y espacios para el culto divino, preservándolos de toda profanación. La Iglesia llevó a su plenitud este concepto de lo sagrado elevándolo a un nivel trascendente. Lamentablemente en los últimos años, teólogos, laicos encumbrados, sacerdotes y aún obispos, llevan adelante un programa bien pensado y establecido de desacralización, que se puede sintetizar en la siguiente frase: "Hay que liquidar lo Sagrado"; de modo que no haya ya edificios sagrados, personas consagradas, música sacra, gestos ni lenguaje sagrados. La última raíz teológica de esta política es la negación de la Sacramentalidad, lo que lleva a considerar a la liturgia como una acción netamente humana según un ritual que depende del arbitrio de quien la celebre. De allí que haya misas que, con olvido de su carácter sacrificial, parecen encuentros en torno a una comida vulgar.
No obstante, lo sagrado no puede tener lugar en cualquier sitio y es por eso que el Señor echó a latigazos a los mercaderes del Templo: no porque fuera malo el vender palomas sino porque esas transacciones no podían realizarse en aquél sin profanarlo. Por eso, el pontifical romano manda consagrar solemnemente las iglesias según una liturgia específica, para convertirlas en algo que no eran: un espacio sagrado sustraído a la vida habitual y destinado a las cosas santas. A este efecto, el edificio no puede construirse de cualquier modo; y aunque algunos insistan hoy por ideologismo en que las nuevas iglesias se construyan vergonzantemente de modo que pasen desapercibidas, atentando así no solamente contra la majestad de Dios y la realeza social de Jesucristo, sino contra los mismos hombres, el arquitecto ha de tener presente, más allá de cualquier funcionalidad, que está construyendo la casa del Altísimo en donde reinará una atmósfera inefable de silencio y contemplación que sea capaz de infundir el temor y la fascinación de Dios.
Pidamos al Señor, templo viviente que hizo de su Iglesia un templo que se construye día a día hasta el fin de los tiempos, nos conceda la gracia de mantener y difundir a nuestro alrededor el concepto de lo sagrado.
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La ilustración de la presente entrada es una pintura de Rembrandt: Cristo Expulsando a los Mercaderes del Templo, que se expone en el museo Pushkin de Moscú. Puede descargarla en alta calidad (500 Kb) desde MediaFire activando el siguiente enlace:

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