miércoles, 12 de septiembre de 2012

Monición - XXIV Domingo durante el Año


Monición para el
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

El que quiera salvar su vida la perderá.


El que pierda su vida por Mí, la salvará.

Según sus propias palabras, expresadas sin ambages a sus Apóstoles en el Evangelio de hoy, el Salvador debía sufrir mucho; no porque no pudiera salvarnos de otro modo, sino porque el plan divino de la Redención, el secreto de su Mesianismo, es el paso a través del dolor.
Así lo había anunciado la profecía de Isaías que se le este Domingo, descripción precisa de lo que el Señor sufriría en los amargos días de su pasión.

Ahora bien, la revelación de Jesucristo no termina con esta profecía, pues Él nos enseñó, a sus discípulos de aquél y de todos los tiempos, que para salvar la vida hay que cargar la cruz y seguirlo en su martirio. Palabras duras y casi hirientes que pertenecen a la esencia misma del Cristianismo, y han sido dictadas desde la cátedra de la Cruz.

El que estemos dispuestos a perder la vida por Cristo, excluye taxativamente la posibilidad de que sirvamos al Príncipe de este mundo, estableciendo el principio de que entre nosotros y éste no puede haber ninguna coexistencia pacífica sin peligro de perdernos para siempre.
Por eso tenemos que vivir interiormente en situación de martirio, crucificados con el Señor, para completar con nuestro sufrimiento lo que falta a su Pasión. En cada uno de nosotros Dios Padre quiere reconocer a su Hijo crucificado.

No hay que extrañarse si estas palabras resultan duras a nuestra sensibilidad. Hasta el mismo San Pedro reaccionó frente a ellas tentando al Señor para que abandone el camino de la Cruz establecido por el Padre. Tentación que aceptan muchos católicos de hoy, al repetir el grito nefando que resonó en el Calvario: "¡Qué baje de la Cruz y creeremos en Él"!

Rechacemos esta tentación inmolándonos con Cristo, hagamos de Su Sacrificio nuestro propio sacrificio, tratemos de saborear el gusto de la Cruz, amargo al principio pero cargado de alegría y felicidad eternas, y sigamos a nuestro Señor sin vacilaciones ni falaces concesiones.


En la ilustración: "Fieras devorando a los mártires", óleo de Philippe Jacques van Bree.

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