martes, 17 de julio de 2012

Sobre el escándalo y su reparación


Mons. Bargalló debe hacer una reparación pública

Comentarios al mensaje de Mons. Oscar Ojea

Segunda parte





Este es el segundo post en que nos referiremos al mensaje de Mons Oscar Ojea sobre el caso Bargalló. Puede leer el Primero Aquí., y el Tercero y último Aquí.


Escándalo viene de una palabra latina "scandalum" que quiere decir obstáculo, piedra en la que alguien tropieza causándose daño. A veces se pierde de vista el significado profundo de esta palabra y nos quedamos con la noción de que Escándalo es sólo el alboroto que produce una noticia.

Pero la peligrosidad del escándalo, sobre todo de los más pequeños, es que puede dañar su fe e, inclusive, conducirlos a la perdición. De ahí la dureza del Señor para con los escandalizaren a los niños: "más les valdría atarse una piedra de molino y tirarse al mar".

Lamentablemente, Mons. Bargalló ha producido un escándalo internacional con su exclusivo viaje; lo cual se vio agravado cuando llamó a los periodistas para leer una declaración mentirosa (ver video arriba), poniendo a Dios por testigo de sus dichos falsos; mismos que pretendió certificar con la siguiente frase:

"quiero también expresar con claridad que estoy totalmente comprometido con Dios, con la Iglesia en esta misión que me ha encomendado en la querida diócesis de Merlo Moreno, y en las demás responsabilidades al servicio de los hermanos. Siento profundamente mi sacerdocio, y la entrega al Señor Jesús y en ella quiero perseverar hasta el fin".

¿No es esto tomar el nombre de Dios en vano?

Además, presumiblemente habría seguido en esa posición si sus adversarios no hubieran redoblado la apuesta revelando hasta los mínimos detalles de su viaje. ¿Por qué tendríamos que pensar lo contrario?
La gravedad de este escándalo es mayor, porque la persona del obispo tiene el ministerio de la enseñanza, y debe darla primero con su ejemplo.

En este punto hay que distinguir entre la culpa, que es la transgresión voluntaria de la Ley de Dios, y la pena que es el castigo merecido por ello. La culpa es ante Dios, y Él tiene condiciones para su perdón que los hombres no pueden ignorar declarando perdonado lo que a ellos les parece.

Ahora bien, una de las condiciones que pone Dios para el perdón de la culpa que frente a Él tiene un escandaloso, es la reparación del escándalo efectuada de forma que resulte proporcional a la ofensa, en este caso mayúscula y pública.

Por eso, el "pedido de perdón realizado ante sus fieles laicos, sus sacerdotes y sus hermanos en el Episcopado", que se menciona en el mensaje de Mons. Ojea, por más conmovedor que sea, no puede reparar debidamente la ofensa porque no hay proporción ninguna entre la TV y una reunión de presbíteros efectuada casi sin difusión.
Para la gente común, los fieles de a pie ante quienes la actitud del Obispo es una piedra de tropiezo al menos en la virtud de la castidad, es como si no hubiera existido.

La cuestión de la pena y de el odium plebis que la impunidad puede suscitar en los fieles, las trataremos en un tercer y último post.