lunes, 16 de julio de 2012

Dios ha querido necesitar de los hombres


Liturgia de la Palabra en el

XV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Los envió de dos en dos

15 de Julio de 2012

R.P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ

(Audio: 27' 50")


La primera misión apostólica

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Así como Jesucristo es el primer enviado del Padre, que debía introducirse en el oleaje de la historia para proclamar la llegada del Reino de Dios, anunciando el cumplimiento de nuestra salvación; los Apóstoles son, a su vez, los enviados del Señor que deben continuar ese mandato a lo largo de la historia. "Cómo mi Padre me envió, así yo os envío..."

Por eso la Iglesia toda ha de ser misionera, enviada a las naciones para proclamar en voz alta, como dice San Pablo, que Dios nuestro Padre nos ha bendecido en Cristo, y nos ha elegido en Él antes de la creación del mundo para ser santos en su presencia. Y esta misión, no es una elección suya, es un mandato que no puede declinar hasta la consumación del siglo.

Para cumplirla acabadamente, debemos entender que el ser apóstol significa contribuir esencialemente al ensanchamiento y al perfeccionamiento del Cuerpo de Cristo; ya que la Iglesia no es algo estático sino que aspira a llevar hacia lo alto a las piedras vivas que forman el templo de Dios. Se debe, pues, hacer de los hombres cristianos y de los cristianos santos.

Cristo quiere ser católico llegando hasta el último reducto de la historia, y sus apóstoles deben ayudarlo a cumplir su divino anhelo. Porque Dios, que de nadie necesita, ha querido necesitar de los hombres para llevar su Reino a la plenitud.

Preguntémonos pues si participamos en este deseo vehemente de catolicidad que llevó al Señor a decir: "¡he venido a traer fuego sobre la tierra y qué quiero sino que arda! ¿Participamos en la porpagación de este fuego de la vida Divina que Cristo quiere contagiar a toda la humanidad? Si la respuesta es negativa, somos católicos fríos, católicos mediocres, católicos de sacristía que rehuyen el llamado de su Dios.

Pidamos al Señor la gracia de experimentar un intenso anhelo por convertir a todos los hombres, encendiendo el fuego de su mensaje en todos los tiempos y en todos los ambientes.



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Al principio de esta grabación, el padre Sáenz hace mención a la Kénosis de Jesucristo, a la que se refirió en la anterior homilía y que puede ser oída AQUÍ.