viernes, 8 de julio de 2011

Trigo quiero ser de Dios


Liturgia de la Palabra en el

XV Domingo del Tiempo Ordinario

13 de Julio de 2008

R.P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ

(Audio: 21' 32")


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Luego de la revelación natural y de los Profetas, llegada la plenitud de los tiempos, Jesucristo, Palabra Eterna del Padre, salió de su casa para sembrar al voleo en los surcos de la historia, no una semilla cualquiera sino la poderosa palabra de Dios que puede arraigar en cualquier terreno. Pero el alma humana responde a esa semilla de modo diverso:

El corazón vano e inestable de las almas superficiales, disipadas, perezosas y abiertas a todos los peligros, es figurado por un camino sin guardas ni cercados, abierto a todos y en el que nunca podrá germinar la Palabra. Obstáculo que se pone a Dios, sobre todo, con la inteligencia que se cierra a entender, porque el bullicio del camino impide cualquier reflexión.

La voluntad inconstante y débil que ayer aceptó la palabra con alegría y hoy, ante la primera dificultad, sucumbe, es el terreno pedregoso lleno de yuyos que, por no enraizar suficientemente, han de secarse ante los rayos de sol y los embates del viento.
Los seguidores del espíritu del mundo, embobados por la gloria terrena, el poder, el ansia de poseer, almas dominadas y punzadas por las pasiones que embotan los sentidos, entenebrecen la razón y envejecen prematuramente, son como el terreno atenazado de espinas que inevitablemente sofocará la vida engendrada por la semilla.

El alma que desea la palabra, se prepara para recibirla y luego la medita y saborea, es el terreno feraz en el cual Dios sembrará eficazmente, y a la que se refiere el profeta Isaías "la Palabra que sale de mi boca, dice el Señor, no vuelve a Mí estéril sino que realiza todo lo que quiero y cumple la misión que Yo le encomendé" (Is. 55, 10-11).

Oremos para que la semilla de la Palabra rinda en nosotros el ciento por uno y podamos decir como San Ignacio de Antioquía ante el martirio: "Trigo soy de Cristo, muélanme los dientes de las fieras" (Carta a los Romanos IV, 1-3).



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Ilustra esta entrada: "El Martirio de San Ignacio de Antioquía", icono. Este gran Santo, cuyo nombre está en el Canon de la Misa, sucedió a San Pedro en la Cátedra de Antioquía. Llevado a Roma para ser martirizado en épocas del emperador Trajano, escribió siete cartas mientras iba de camino. En la dirigida a los Romanos, les pide que no usen la influencia que tenían algunos cristianos de la Urbe, para evitarle el martirio, escribiendo aquella frase: "Trigo soy de Cristo, muélanme los dientes de las fieras". Su martirio se celebra el 17 de Octubre.