domingo, 19 de octubre de 2008

Ciudadano de Dos Mundos

Liturgia de la Palabra en el
XXIX Domingo del Tiempo Ordinario
19 de Octubre de 2008
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
(Audio - 21' 19")


A la trampa que le tienden sus enemigos preguntándole sobre la licitud del impuesto imperial, responde el Señor estableciendo la diferencia entre el orden natural y el orden sobrenatural, entre el César y Dios, entre el poder temporal y la autoridad a su Iglesia; confirmando su voluntad de reinar sobre el mundo como juez supremo; y dejando, con ello, una lección a su esposa y continuadora, que queda así legitimada para enseñar su doctrina y pronunciar sus juicios sobre el orden social y político. Porque aunque Él fuera enviado por el Padre para una obra sobrenatural, la Salvación del género humano por medio de la gracia, ello supone el orden natural que esa misma gracia viene a restaurar. Por eso no les es lícito a laicos ni sacerdotes amparar la cobardía o comodidad personales con la frase "la Iglesia no debe meterse en política".
Siendo el hombre ciudadano del Cielo y de la Tierra, las dos sociedades perfectas que lo contienen, la Iglesia y el Estado, aunque deben gozar de plena autonomía en los asuntos de su competencia, tiene que convivir en armonía so pena de desgarrarlo. Armonía no fácil de alcanzar a lo largo de la historia, porque así como en los primeros siglos cristianos la Iglesia sufrió la persecución de la Roma Imperial pagana, en los últimos, las sociedades modernas se han visto invadidas por el naturalismo político o laicismo según el cual el orden temporal debe desconocer los derechos de la Iglesia, ya sea declarándola su enemiga (ateísmo marxista) o divorciándose de ella (indiferentismo liberal). Este mal a infiltrado a los mismos católicos, alguno de los cuales aconsejan renunciar a toda vinculación con el Estado, para gozar de mayor tranquilidad y correr menores riesgos. A estos católicos liberales les dijo duramente Pío XI en su encíclica Quas Primas sobre la Realeza social de Jesucristo: "Cuanto mayor es el indigno silencio conque se calla el dulce nombre de nuestro Redentor en las conferencias internacionales y en los parlamentos, tanto más alta debe ser la proclamación de ese nombre por los fieles y la energía de la afirmación y defensa de su real dignidad y poder. Incurre en un grave error el que negase a la humanidad de Cristo el poder real sobre todas y cada unas de las realidades políticas del hombre ".
Demos al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios, recordando que también el césar es de Dios; y pidamos al Rey de Reyes y Señor de los señores que nos acompañe y sostenga en la lucha permanente para extender su reino en las almas, en el mundo y en la historia.
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La ilustración es un óleo del pintor Peter Paul Rubens titulado El Dinero del Tributo (1612).