domingo, 31 de mayo de 2009

Babel Invertida

Liturgia de la Palabra en la
Solemnidad de Pentecostés
31 de Mayo de 2009
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
(Audio - 30' 05")

De las tres grandes fiestas de los judíos, La Pascua, la fiesta de los Tabernáculos y Pentecostés, era ésta última la que recordaba la entrega de las Tablas de la Ley en el monte Sinaí y, al mismo tiempo, el principio de la cosecha. Justamente en ese día, el Espíritu Santo enviado por el Hijo desde el Padre en el último acto de la Redención, descendió sobre los Apóstoles y María Santísima, llevando a su plenitud aquella fiesta que le sirviera de figura.
Anteriormente ese mismo Espíritu, a pesar de haber actuado en la historia de la Salvación, en el principio cerniéndose sobre las aguas creaturales, luego cubriendo con su sombra a la Purísima Virgen y más tarde posesionándose plenamente del Cuerpo del Señor el día de su Resurrección, no se había dado plenamente porque todavía Jesucristo no había sido glorificado. Pero ahora, en Pentecostés, el Espíritu Santo pasa del cuerpo glorificado de Jesús a su Cuerpo Místico, la Iglesia naciente, impulsando a los apóstoles a enfrentar al mundo, ebrios del vino nuevo de la vid que es Cristo, nuevo odre de los nuevos tiempos.
Pentecostés es la Babel invertida: al orgullo del género humano que destruyendo su unidad primigenia originó las diversas lenguas, se contrapone la humildad de quienes ponen la diversidad de sus lenguas al servicio de la Única Iglesia que es Católica, es decir universal.
Reavivemos la gracia que el Espíritu nos infundió en el Bautismo y la Confirmación haciéndonos reyes, sacerdotes y profetas en medio del mundo en que vivimos, propagando el incendio y la iluminación de almas comenzado aquél día en el Cenáculo; cada uno según su vocación peculiar. Como dice San Pablo, "en cada uno el Espíritu se manifiesta para el bien común": obra milagros por los santos, proclama la verdad por los predicadores, es virgen en la castidad de unos e imita la unión de Cristo y de la Iglesia en el matrimonio de otros. Para que en el Pentecostés Final, cuando Dios sea todo en todos y el Espíritu llene completamente la casa de la historia con la llama de su caridad y el fuego de su juicio, podamos decir con alegría: ¡Ven Señor!.

La grabación incluye el canto de la secuencia de Pentecostés "Veni Sancte Spiritus", que se entona antes del Santo Evangelio.

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La ilustración: "Pentecostés", óleo sobre lienzo del pintor francés Jean Restout II, pintado en 1732, que se exhive en el Museo del Louvre.