domingo, 16 de noviembre de 2008

Temor de hijo, no miedo de esclavo

Liturgia de la Palabra
en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario
16 de Noviembre de 2008
S.E.R. Mons. Joaquín Mariano Sucunza
Obispo titular de Saetabis y
Vicario General del Arzobispado de Buenos Aires
(Audio - 27' 20")


El talento, que actualmente designa la capacidad para desempeñar una ocupación, era originariamente una medida de peso y, más tarde, una unidad monetaria que equivalía a 35 Kg de metales preciosos. Cuando el Señor de esta parábola, entrega a sus siervos varios talentos, les lanza el desafío de confiarles una verdadera fortuna sobre cuyas rentas los examinará exigentemente en breve. Pero este examen, cuyo premio es la vida eterna y tendrá en cuenta lo producido en relación a la capacidad de cada uno, pude ser reprobado a causa del miedo que lleva a enterrar los dones confiados en lugar de hacerlos fructificar. Porque, al decir de san Pablo, cuando el miedo enfermizo reemplaza al santo temor de Dios, el hijo se convierte en esclavo. El temor de Dios es uno de los dones del Espíritu Santo, es el que inspira a la mujer alabada en el libro de los Proverbios y que le obtiene la admiración de su esposo, así como debe obtenerle a la Iglesia, la admiración del Divino Esposo, Jesucristo.
El día de Cristo Rey celebraremos la vuelta del Señor. Es hora de que nos examinemos acerca de la fructificación de los talentos a nos confiados: la vocación, la familia, los amigos, la parroquia, el trabajo; pidiendo a Dios usarlos para su mayor gloria y haciendo presente la suprema novedad, el talento más grande que hemos recibido: nuestra fe en Jesucristo.
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¡Baje Temor de hijo,de MediaFire

¡Baje Temor de hijo de Esnip's

Ilustra esta entrada: El profeta Elías recibe pan y vino de un Ángel, oleo de Peter Paul Rubens.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Hay que Profanar lo Sagrado

Liturgia de la Palabra
en la Dedicación de la Basílica del Santísimo Salvador,
o de San Juan de Letrán
9 de Noviembre de 2008
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
(Audio - 23' 59")


Sobre una serie de edificios que habían pertenecido a la noble familia romana de los Laterani, donados por el Emperador Constantino en 313 luego del Edicto de Milán, se construyó la Basílica del Santísimo Salvador también llamada de San Juan de Letrán, que desde ese entonces es la sede del Santo Padre como Obispo de Roma y, por ello, madre y cabeza de todas las iglesias de la Ciudad y del Mundo, como está esculpido en su frontispicio: "omnium Urbis et Orbis ecclesiarum mater et caput"
Desde la más remota antigüedad, el hombre reservó ciertas tiempos y espacios para el culto divino, preservándolos de toda profanación. La Iglesia llevó a su plenitud este concepto de lo sagrado elevándolo a un nivel trascendente. Lamentablemente en los últimos años, teólogos, laicos encumbrados, sacerdotes y aún obispos, llevan adelante un programa bien pensado y establecido de desacralización, que se puede sintetizar en la siguiente frase: "Hay que liquidar lo Sagrado"; de modo que no haya ya edificios sagrados, personas consagradas, música sacra, gestos ni lenguaje sagrados. La última raíz teológica de esta política es la negación de la Sacramentalidad, lo que lleva a considerar a la liturgia como una acción netamente humana según un ritual que depende del arbitrio de quien la celebre. De allí que haya misas que, con olvido de su carácter sacrificial, parecen encuentros en torno a una comida vulgar.
No obstante, lo sagrado no puede tener lugar en cualquier sitio y es por eso que el Señor echó a latigazos a los mercaderes del Templo: no porque fuera malo el vender palomas sino porque esas transacciones no podían realizarse en aquél sin profanarlo. Por eso, el pontifical romano manda consagrar solemnemente las iglesias según una liturgia específica, para convertirlas en algo que no eran: un espacio sagrado sustraído a la vida habitual y destinado a las cosas santas. A este efecto, el edificio no puede construirse de cualquier modo; y aunque algunos insistan hoy por ideologismo en que las nuevas iglesias se construyan vergonzantemente de modo que pasen desapercibidas, atentando así no solamente contra la majestad de Dios y la realeza social de Jesucristo, sino contra los mismos hombres, el arquitecto ha de tener presente, más allá de cualquier funcionalidad, que está construyendo la casa del Altísimo en donde reinará una atmósfera inefable de silencio y contemplación que sea capaz de infundir el temor y la fascinación de Dios.
Pidamos al Señor, templo viviente que hizo de su Iglesia un templo que se construye día a día hasta el fin de los tiempos, nos conceda la gracia de mantener y difundir a nuestro alrededor el concepto de lo sagrado.
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¡Baje Hay que Profanar lo Sagrado desde MediaFire

¡Baje Hay que Profanar lo Sagrado desde Esnip's
La ilustración de la presente entrada es una pintura de Rembrandt: Cristo Expulsando a los Mercaderes del Templo, que se expone en el museo Pushkin de Moscú. Puede descargarla en alta calidad (500 Kb) desde MediaFire activando el siguiente enlace:

domingo, 2 de noviembre de 2008

Vuelo de Águila

Liturgia de la Palabra
en la Conmemoración de los Fieles Difuntos
02 de Noviembre de 2008
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
(Audio - 20' 47")


"Cum Christo vivas, in pacem dormias" puede leerse como epitafio en las catacumbas romanas: "Que vivas con Cristo y duermas en paz", reflejando la serena actitud del cristiano frente a la muerte que, en el fondo, es una acto festivo, el vuelo de águila que nos permite pasar del tiempo a la eternidad. Sin embargo, la muerte, como salario del pecado, nos separa de muchos amores terrenos y, consecuentemente, será algo durísimo, angustiante y terrible para el hombre de la inmanencia, que siente la tierra como su patria definitiva.
La muerte del cristiano, al que Dios va preparando progresivamente con los dolores que su providencia permite, se produce en la presencia de Cristo, como cantamos con san Ignacio de Loyola "en la hora de mi muerte llámame y mándame ir a Ti, pera que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos"(*). Es la plenitud de la viva, no su desaparición. Es el encuentro con la Iglesia Triunfante: con su fundamento, los profetas y apóstoles; con sus víctimas, los mártires; con sus flores, las vírgenes; con su ornamento, los confesores. Es el umbral de la Jerusalem Celestial ante cuya vista canta el salmista: "que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor..."
Hay que aprender a morir en voz activa, contradiciendo la estúpida expresión "se murió" en la que no parece contenerse ningún acto, ofreciendo, desde ahora, nuestra muerte como un sacrificio que continúa y se perfecciona en el de Cristo: "hecho obediente hasta la muerte y muerte de Cruz".
Pidamos a la Santísima Virgen María "ora pro nobis pecatoribus nunc et in hora mortis nostre", traduciendo el "pro" latino con la acepción castellana "en nuestro lugar"; para que cuando estemos ya sin aliento, sea ella la que, tomando nuestros labios, interceda ante su divino Hijo.
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(*) Oración de San Ignacio de Loyola

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén

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